Citas en la web - Parte II

febrero 27, 2018

Y aquí estamos. Tú esperando pacientemente en esas escaleras donde nos habíamos citado, y yo llegando con puntualidad inglesa de una manera arreglada pero informal, para no intimidarte y/o asustarte. He de reconocer que la primera impresión que tuve tuya nada más verte ha sido bastante buena, aunque te hubiera visto en fotos, por cómo ibas vestido, la postura que tenías, y esa sonrisa que dibujaste en tu cara cuando me viste aparecer me impactaron en el sentido positivo de la palabra. Creo que yo también a ti, a no ser que hayas fingido y seas un actor estupendo (¡que todo puede ser!, quién sabe). 

Nos dirigimos a tu cafetería preferida, que estaba a 5 minutos caminando, mientras hablamos de cosas banales e íbamos rompiendo el hielo. Nos conocíamos desde hace unos meses a través de internet, todo por allí era muy fluido, pero el desvirtualizarnos físicamente hizo que nos retrayéramos un poco, al menos en este primer momento. ¿Les ha pasado a ustedes también esto cuando han quedado con alguien que conocen a través de internet? Seguro que no soy la única. 

A medida que iba entrando el café en vena que nos habíamos pedido, la conversación se iba volviendo más fluida y todo pronosticaba a que realmente lo que apuntaba maneras a través de internet y de whatsapp era real y cierto, además de irnos volviendo más cómodos el uno con el otro. Lo quieras o no, ya nos “conocíamos”, así que tras romper el hielo solo quedaban dos opciones: o realmente lo que sucedía virtualmente entre nosotros era cierto, o alguno de los dos (yo desde luego que no) fingía y esta primera cita estaba avocada al fracaso. Por suerte aparentemente estaba sucediendo la primera opción y todo iba viento en popa. 

El café de las 7 de la tarde se convirtió en una cena en mi restaurante preferido, y esa cena dio paso a una marcha en un antro de rock, música que nos gustaba a ambos, de esos en los que cuando estaba permitido fumar salías de allí apestando a tabaco aunque no fumaras y con pitidos en los oídos (ahora solo sucedía lo segundo, y la música seguía siendo igual de bestial). 12 horas duró nuestra primera cita: desde las 7 de la tarde hasta las 7 de la mañana, que terminamos de tomarnos el chocolate con churros mañanero de rigor… 

Este fue nuestro comienzo, que desde luego fue muy bueno. ¿Cuánto durará nuestra historia?

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