Reencuentros navideños

marzo 27, 2017

Parecía que el tiempo que transcurría entre el verano y las Navidades se le hacía eterno. La constante unión y posterior separación de la familia le resultaba agotador. Siempre queriendo estar en su tierra, con su gente, con su familia, con la gente que le vio crecer, la apoyó en todo lo que se proponía. Pero las circunstancias eran difíciles, había tenido que alejarse, buscarse la vida por otras tierras, conocer mundo.

Ahora se aproximaban estas fechas navideñas, y estaba muy ansiosa, quería que llegara ya la fecha en la que estuviera en el aeropuerto y oír esa voz por megafonía que llamaban a los pasajeros para el vuelo con destino al paraíso, a casa, a su verdadera casa, a su hogar en resumidas cuentas.

Ya había experimentado en otras ocasiones esa sensación del primer día con los suyos. Ese primer día era indescriptible. Le encantaba. Ver a sus padres y a sus hermanos en el aeropuerto mientras miraba de reojo cuando se abría la puerta automática al pasar un desconocido mientras ella se quedaba esperando en la cinta a que saliera su maleta, maleta que no solo estaba llena de ropa sino también de ilusiones y esperanza. La maleta venía "vacía" de sentimientos pero sabía que volvería cargada de energía positiva, aunque con algo de tristeza y amargura por separarse de su verdadero yo, de su sitio.

En ese primer día ella era la reina de la casa, tenían preparada su comida preferida, siempre el primer día implicaba un buen plato de arroz a la cubana. Sí, un plato simple, pero que le sabía a gloria en un día como este. Siempre, tras la sobremesa distendida entre las tazas de café, salían a dar una vuelta a la playa, estando fuera ansiaba oler el mar que le acompañó en su niñez y adolescencia. Aunque también hoy en día vivía en un sitio costero, ese mar no olía exactamente igual que al de su hogar, ni tenía el mismo brillo cuando el sol estaba en lo más alto o la luna se reflejaba en él.

Y por supuesto, luego llegaba la noche de ese primer día. La noche del tan ansiado reencuentro con sus amistades de la infancia. ¡Cómo le gustaba experimentar el primer día en su tierra natal! No había nada mejor que ese primer día. Pero nada absolutamente mejor que aquello.

Sí, pero todo lo bueno tiene su fin, y también sabía que habría un último día. Un día en el que se tendría que ir y la tristeza lo inundaría todo. Ella se encontraría nuevamente en el aeropuerto, pero con una estampa completamente diferente a la vivida días o semanas atrás. Esta vez ella no estaría ilusionada, con brillo en los ojos buscando entre la multitud a su familia y planeando todo lo que quería hacer en esas vacaciones. No, esta vez estaría acompañada de un pañuelo de papel e intentando aguantar las lágrimas, pero que al final siempre acaba bajando esa primera lágrima que tanto le había costado reprimir, llamando a gritos al resto de lágrimas e inevitablemente romper en un llanto controlado. Las despedidas. Pero qué amargas son las despedidas. Nunca se iba a acostumbrar a esto. ¿Por qué todo sería tan difícil? Siempre su corazón estaría dividido en dos, un pedacito de él se encontraría allá donde estuviera ella y el otro pedacito se encontraría en su tierra natal, en su hogar, donde está su familia y sus amigos, sus verdaderos amigos. Qué difícil resulta todo esto. "Ojalá todos los días fueran ese primer día en el que regresas a casa", no dejaba de repetirse ella para sí misma en todo momento, especialmente en el día de la despedida. Y tras facturar tocaba el peor momento de todos. Sabía que ese día llegaría, así que mejor no pensar en él. No, primero estaba el ilusionarse sabiendo que quedaban pocos días para el tan ansiado reencuentro.

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