Rutina del disfrute

diciembre 08, 2016

Estábamos cantando, bailando y pasándonoslo bien. No había nada mejor que cuando teníamos la casa para nosotros dos solos y nos dedicábamos a hacer el payaso con nuestras tonterías. “Dios los cría y ellos se juntan”, el refranero español había dado en el clavo con nosotros, estábamos predestinados a unirnos.

Música a todo volumen. ¿Que molestamos a los demás vecinos? Que se aguanten un poco, que el resto del tiempo somos unos vecinos modelos. Cantamos a todo volumen, ¿cantar?, ¡gritamos! ¿Que molestamos a los demás vecinos? Pues un poco de paciencia. Y bailar, saltar y brincar, nos encantaba enrralarnos y disfrutar de ese momento tan nuestro que nos servía para liberar nuestros malos rollos del día o de la semana, a la par que nos compenetrábamos. Estamos como una cabra, y eso nos hace una pareja única.

Sabíamos cuando necesitábamos esa media hora, una hora, ¡o tres!, de desintoxicarnos de los malos rollos. Actitud “detox”. Solo con mirarnos sabemos cuando el otro lo necesita, así que el otro pone siempre la misma primera canción a un volumen moderadamente alto y nos miramos con nuestra mirada pilla identificativa. Solo con esa canción y la mirada ya nos venimos arriba sin necesidad de más palabras o preguntarnos previamente. ¡Lo bien que lo pasamos! No hay nada mejor que esta compenetración. Tú, yo, nosotros, bailando, cantando, siendo nosotros en nuestra esencia más pura. Todo lo demás nos sobra.

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2 comentarios

  1. ¡Hola! No está mal el relato, aunque quizás me ha faltado algo más, un no se qué quizás que nos definiera a esos personajes saltimbanquis jaja. Pero me ha encantado tu blog ¡Te sigo! ^^

    ¡Un saludín!

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    Respuestas
    1. Ooh, gracias por pasarte :) ¡Lo tendré en cuenta para ampliar este relato! Y en cuanto lo tenga lo publicaré ^^, Yo también te sigo

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