Valiente

septiembre 13, 2016

No tenía escapatoria, lo tenía claro. O se enfrentaba a lo que tenía delante, o se enfrentaba a lo que tenía delante, no lo quedaba otra. Había intentado evitar este momento desde hacía un mes aproximadamente, pero ya no podía seguir rehuyéndolo. 

Hace un mes él se fue de viaje por tema de trabajo y regresaba hoy. Desde un tiempo antes de él irse ella ya sabía que quería decirle que lo dejaban, que ya él no le llenaba como lo hacía al principio de la relación. Pero lo había dejado pasar en aquel momento, pensando en que tal vez la distancia de estar un mes separados le hiciera recapacitar y ver si estaba equivocada, ver si en realidad le echaba de menos de verdad durante esa pequeña separación.

La ausencia de él en este mes le hizo plantearse muchas cosas. Al principio sí que lo echó muchísimo de menos, pero realmente lo que echaba de menos era la costumbre de tenerlo en casa, los pequeños rituales que habían forjado a lo largo de los años de convivencia… Pero en realidad no le echaba de menos a él. Tras los primeros diez días se dio cuenta de que no sentía su ausencia, lo que pasa es que se había acostumbrado a la convivencia y a no sentirse sola. Se había dado cuenta de que el refranero español es muy sabio, que ya se sabe que “más vale sola que mal acompañada”.

Así que hoy lo recibiría en el aeropuerto a las 10 de la noche, y nada más llegar a casa tendrían que tener la temida charla y no prolongarla más en el tiempo.

Porque ante todo ella era una mujer fuerte, valiente e independiente, que no se ataría a un hombre solo por no sentirse sola. Se uniría a un hombre, al hombre adecuando, y caminarían juntos su vida, pero jamás se ataría a nadie. Sabía que las ataduras nunca traían nada bueno, mejor ser compañeros del viaje de la vida.

You Might Also Like

0 comentarios

Instagram

Subscribe