Amor.

diciembre 13, 2015

Mueve su mundo a su alrededor, a su antojo. También su antítesis lo mueve todo a su alrededor. Tal vez porque muchas veces no existe el uno sin el otro. No hay amor sin desamor. No hay desamor si no ha existido previamente el amor. ¿O acaso hoy en día el amor incondicional existe? Si no contamos el de padres e hijos, por supuesto.

El amor remueve sentimientos. ¿Quién no se acuerda de su primer amor y esa sensación que les era totalmente nueva? El hormigueo en el estómago en esa primera fase, cuando uno se arregla pensando en si le gustará a la otra persona, el tonteo previo al hecho del noviazgo en sí. O esa primera vez que sostienes a tu hijo recién nacido en brazos, ese pequeño ser del que ya estabas completamente enamorada incluso antes de conocerlo, antes de que alguien te lo pusiera sobre el pecho.

Definitivamente no, no hay nada como el amor. Igual que tampoco hay nada igual que el desamor y ese desasosiego que provoca, los llantos, las penas y pesares que acarrea su mera presencia.

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