En el parque.

noviembre 12, 2015

Siempre me había gustado sentarme en un parque sin mucho barullo y sin muchos niños jugando alrededor para ponerme a leer. Sentarme ahí a las 5 de la tarde, cuando ya no hacía mucho calor pero seguía habiendo claridad durante unas cuantas horas más y así sumergirme en la lectura mientras sentía el fresco del viento circulando a mi alrededor y moviendo tranquilamente las ramas de los árboles, pareciendo que ese viento me arrullaba tranquilamente. Sentía que me metía mucho más en esas historias ficticias, haciendo parecer que esas palabras unidas unas detrás de otras realmente cobraban vida.

En esos momentos, a los que recurría como unas tres veces a la semana como mínimo, no era capaz de levantar la cabeza del libro. Por eso, uno de esos días, me sorprendió hasta el punto de tener que levantar la cabeza de él y mirar a mi derecha. Sorprendentemente se había sentado en mi banco un chico. Lo primero que hice no fue mirarle directamente a la cara, sino mirar alrededor para ver si el parque estaba lleno y no me había dado cuenta ya que estaba muy metida en esa historia policiaca. Y no, estaba casi completamente vacío, solo había una pareja de viejecitos con su chihuahua, una madre dándole de merendar a su bebé, este chico y yo. Hice un cuenteo rápido de todos los bancos libres: 5 para ser exactos. ¿Por qué se sentaría a mi lado? No lo sé, sinceramente. Le volví a mirar y justamente en ese momento estaba sacando un libro de bolsillo de una bandolera que llevaba y había colocado en el banco. Poco a poco me iba recorriendo una especie de malestar, ¿por qué se sentaría justo a mi lado? Ya no podría volver a concentrarme en la lectura tan interesante que tenía entre mis manos, ya que mi imaginación no paraba de dar vueltas, pero ya no entorno a la historia de mi libro como a mí me gustaría, sino alrededor de este chico con una media melena de color negro azabache, nariz recta de tamaño apropiado y labios carnosos. Eso apaciguaba un poco mi pequeño malestar, por lo menos era guapo de perfil, lo poco que pude ver con esas dos miradas rápidas y fugaces que le había echado.

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