En el parque (II)

noviembre 14, 2015

Definitivamente ya no me podía concentrar en mi lectura. Leía un párrafo y poco a poco mi mente se iba, empezaba a elucubrar sus historias estrambóticas sobre el chico. Por qué se sentó a mi lado, por qué leería el libro que está leyendo, por qué, por qué, por qué… Intentaba volver a leer el mismo párrafo una y otra vez porque no terminaba nunca de leerlo, de asimilarlo en mi mente.

En uno de esos momentos de angustia ya que mi cerebro me estaba jugando malas pasadas y no podía concentrarme levanté la cabeza, miré hacia enfrente, cerré los ojos e inhalé todo el aire que pude hasta que mis pulmones se llenaron de aire limpio y fresco. Lo hice para ver si así me desintoxicaba de todos esos malos pensamientos que estaban inundando mi cabeza. Es cierto que podría haberme ido a otro de los tantos bancos vacíos que había en todo este pequeño parque lleno de plantas, árboles y enredaderas. Pero por otro lado, sentía que eso era hacerle un feo a este chico tan guapo que tenía a mi lado. Aunque el feo realmente me lo hiciera él sentándose a mi lado y desconcentrándome por completo.

Tras esa larga inhalación de aire noté como el chico levantó la cabeza de su libro para mirarme de soslayo. Incluso mi mente le dibujó una sonrisa, presupuse que al levantar la cabeza y mirarme lo haría con esa satisfacción de “he hecho lo que me he propuesto, he conseguido fastidiarle la lectura al sentarme aquí, a su lado, ¡muy bien por mí, chaval!”

Como no podía seguir más con mi lectura, marqué la hoja por la que estaba doblando la punta de la esquina superior, cerré el libro y cogí del bolso el móvil, el cual tenía puesto en silencio como siempre que me pongo a leer, para así mirar si tenía alguna llamada perdida o algún whatsapp nuevo sin leer ni contestar. Me di cuenta de que en realidad llevaba dos horas sentada, y como unos 20 minutos desde que llegó este chico en los que casi no había podido avanzar. En el móvil no había ninguna llamada, solo dos mensajes de whatsapp que fueron contestados en tiempo récord. Móvil y libro al bolso. Cuando ya me levantaba mi mirada suavizada y resignada se cruzó con una mirada divertida y coqueta del chico, el cual me sonrió y se despidió. Y como no era para menos, le devolví otro adiós con una ligera sonrisa. Me alegró saber que por lo menos era tan guapo de frente como se intuía al verlo de perfil.

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