El eterno dilema.

agosto 22, 2015

No sabía muy bien cómo reaccionar ante esto, era algo completamente nuevo y extraño para mí. ¿Tal vez debería hacerle frente o debería huir y salir corriendo? Siempre había sido una persona con las cosas claras en la vida, me enfrentaba a todas las desavenencias que se me plantaban delante. Pero esta vez no sabía muy bien qué hacer. Un dilema, gran dilema.

Realmente la vía de escape fácil era huir, siempre esa es la vía fácil. Y desde luego nunca había sido ese mi estilo, ¡para nada! Pero esta vez no me sentía preparada psicológicamente para plantarle cara al asunto. Esa era otra nueva sensación que me recorría internamente, siempre había sido fuerte, y en los pocos momentos de flaqueza que he tenido a lo largo de mi vida nunca se me había presentado una tesitura realmente difícil y complicada como la que se me acababa de presentar.

Se me había juntado en ese momento una ruptura sentimental con el hecho de decidir mi futuro laboral. Mi cuerpo y mi corazón me pedían seguir en el trabajo que estaba, rodeada de los míos, pasar tranquilamente este proceso de “luto” sentimental típico que se tiene una vez que se deja una pareja. Pero por otra parte, mi razón, tal vez la más parte más sabia de todas, me pedía que experimentara, que viajara al extranjero, conociera ese mundo que me ofrecía la nueva oferta de trabajo, mucho mejor remunerada, por cierto, y que era lo que siempre había soñado en la vida. Pero psicológicamente hablando en ese punto de mi vida no me sentía para nada preparada, no me sentía lista para emprender una nueva vida, esa vida que siempre había anhelado y por la cual había derramado tanto sudor y lágrimas.

¿Qué hacer? Finalmente decidí probablemente lo que mejor se adaptó para mí.

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