Amor desenfrendo

agosto 24, 2015

Llegaste a mí torrencialmente, abriéndote paso mientras arrasabas todo mi mundo, todo lo que conocía hasta ese preciso momento. Me descolocaste por completo, ¡a mí!, que soy la persona más cuadriculada del mundo.

Arrasaste todo a tu paso, dejaste mi mundo patas arriba, como si un huracán hubiese pasado arrollándolo todo. ¿Cómo iba a volver a reconstruir todo esto después de tal desolación y desajuste? ¿Cómo? No lo sabía entonces, y realmente ahora, desde la perspectiva que siempre da el tiempo, tampoco sé muy bien cómo pude rearmarme.

Definitivamente, tu físico tan monumental y tu carácter tan brillante y extraordinario era lo que causó todo este desajuste en mí, y seguro que no fui la primera a la que le pasó esto mismo al conocerte. ¿Cómo no se te iba a querer desmedida y desenfrenadamente? Y a ti te gustaba jugar con eso, desde luego también tenías –y tienes- ese punto pícaro y fresco tan tuyos.

Por suerte, poco a poco, todo vuelve a su cauce, después de la pasión desenfrenada de los primeros meses, aunque sigo muy bien sin saber cómo… Podría haber seguido toda mi vida tan prendada de ti como el primer día en el que todo mi nuevo mundo giraba única y exclusivamente entorno a ti. Pero no, hay que levantarse, salir a la calle y ser realistas, volver al mundo y a la vida que nos rodeaba y compaginar todo eso que se nos daba tan bien, el desenfreno, con la cruda realidad. Porque una relación para que sea sana no era lo que tuvimos en ese primer momento, sino lo que tenemos ahora que tanto hemos trabajado por tener.

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