En un día de lluvia...

junio 04, 2015


Andábamos perdidos en nuestras vidas. Yo pasaba por un momento de incertidumbre, no sabía muy bien quién era, y mucho menos cómo encontrarme. Tú andabas perdido después de la ruptura de una relación de 8 años, intentando acomodarte a una vida en solitario tantos años después de estar acompañado constantemente.


Y en una de esas casualidades de la vida nuestros caminos se cruzaron. Era un día lluvioso, ambos en la calle y corrimos hacia el mismo portal para refugiarnos de esa lluvia que empezó tan de repente, ¡benditas tormentas veraniegas! Así fue como entablamos una primera conversación, conversación banal que terminó con el intercambio de teléfonos. Una vez ya terminada la tormenta, cada uno en sus vidas y en sus quehaceres empezamos con unos whatsapps, luego terminamos quedando. Y de esta manera empezó poco a poco nuestra amistad, ya que en esos momentos era lo único que nos hacía falta de verdad. No necesitábamos parejas para complicarnos aún más la vida, que en esos tiempos ya eran harto complicadas, lo que necesitábamos era una persona que estuviera ahí para oír nuestros problemas y aconsejarnos, y, por supuesto, hacer un quid pro quo y estar ahí incondicionalmente para la otra personal de manera natural, sin pedir nada a cambio.


De esta manera un tanto casual y extraña empezó nuestra relación de amistad, que después de un año se transformó en relación romántica, la más sana que he tenido en toda mi vida. Tal vez precisamente gracias a la manera en la que empezamos, sabiéndolo todo del otro, conociéndonos paulatinamente, sabiendo todas nuestras luces y mucho más nuestras sombras. Nos queremos por lo que somos realmente, no por lo que queramos que el otro vea y ocultándole lo que no queremos que sepa…

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