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Mostrando entradas de junio, 2015

Mientras llegaba el otoño

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23 de septiembre. Empezaba el otoño. Esa estación que tanto le gustaba… ¿Qué le depararían estos tres meses hasta que llegara el invierno? No lo sabía, pero aseguraba que todo lo que pasara serían cosas buenas… Ya había cogido por norma cada 23 de septiembre, pasara lo que le pasara el día anterior, empezar ese día y su estación preferida con ánimo. Si empezamos bien, con alegría, todo lo que sucediera ese otoño serían cosas buenas y podría hacer un buen balance. Se levantó temprano para irse a trabajar y lo primero que hizo -aprovechando que vivía en una casa aislada y se lo podía permitir- fue poner su disco preferido a todo volumen, ponerse a chillar cada canción que iba sonando, ducha confortante y un gran desayuno por todo lo alto… “¡Hoy será un gran día!” se dijo a sí misma. ¿Cómo no lo iba a ser si empezaba el día con esas expectativas y ese buen humor? Una parte de ella misma se preguntaba por qué esto no lo hacía más a menudo y sólo lo hacía pocas mañanas al año.
Ya hacía al…

En un día de lluvia...

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Andábamos perdidos en nuestras vidas. Yo pasaba por un momento de incertidumbre, no sabía muy bien quién era, y mucho menos cómo encontrarme. Tú andabas perdido después de la ruptura de una relación de 8 años, intentando acomodarte a una vida en solitario tantos años después de estar acompañado constantemente.

Y en una de esas casualidades de la vida nuestros caminos se cruzaron. Era un día lluvioso, ambos en la calle y corrimos hacia el mismo portal para refugiarnos de esa lluvia que empezó tan de repente, ¡benditas tormentas veraniegas! Así fue como entablamos una primera conversación, conversación banal que terminó con el intercambio de teléfonos. Una vez ya terminada la tormenta, cada uno en sus vidas y en sus quehaceres empezamos con unos whatsapps, luego terminamos quedando. Y de esta manera empezó poco a poco nuestra amistad, ya que en esos momentos era lo único que nos hacía falta de verdad. No necesitábamos parejas para complicarnos aún más la vida, que en esos tiempos ya er…

Observando a través de sus ojos.

A través de la vida misma... Así era como le gustaba mirar todo. Le gustaba observarlo todo sin llegar al punto de ser una cotilla. Analizaba y tanteaba el terreno antes de hablar. Esa manía suya de observar hacía que calara a las personas incluso antes de entablar una conversación directa con ellas, lo sabía por sus movimientos y por cómo hablaban esas personas con los demás, ¡y rara vez se equivocaba! A veces por suerte, y otras por desgracia.
"A buen entendedor, pocas palabras bastan". En su caso, este dicho era completamente cierto. Ella sabía captar todo, el lenguaje verbal y el no verbal.
Pero no sólo le gustaba observar a las personas y analizarlas pasando desapercibida. También disfrutaba sentándose en el banco del parque y viendo los pájaros revolotear, esos cisnes del lago nadando... Ya había puesto nombres a cada uno de los cisnes y sabía identificarlos por sus propias personalidades.
Siempre que podía también se iba a su playa preferida con una toalla media hora…