Y tras su brillo se esconde...

mayo 25, 2015

Fuiste un sol cegador, que lo inundaste todo a tu paso. ¿Acaso no es mejor desconfiar de una persona que deslumbra tanto desde un principio? Tu llama duró bastantes años, pero al final, como toda estrella, tu luz acabó apagándose y demostró que clase de persona eres. No importó todo lo que vivimos, nuestras charlas, nuestros viajes, nuestros momentos de confidencias, fuiste ese sol que lo iluminó todo y después también se lo llevó todo con él, implosionando sobre él mismo.

A veces, por culpa de esos soles grandes, luminosos, que lo eclipsan todo, no fui capaz de percatarme de estrellas más pequeñas, que tal vez su brillo no es tan intenso pero sí que perduran infinitamente en el tiempo. ¿Cuántas pequeñas estrellas se han cruzado por mi travesía a lo largo del espacio y no me he percatado ni siquiera que existen? ¿Cuántos astros cuya luz no ha sido tan cegadora como la tuya y por eso no les he prestado la atención que se merecían? Pequeñas luces tililando, pequeños diamantes que habrían estado toda la eternidad, y yo para ellos, aunque en momentos de la vida haya más distancia entre nosotros y otros instantes parezcamos inseparables, pero que al fin y al cabo, nuestras órbitas estuvieran siempre unidas, cerca. Nunca lo sabré, tal vez por tu culpa, o tal vez por la mía, o por culpa de ambos.

Muy pocas luces cegadoras realmente perduran en el tiempo y sinceramente merece la pena conocer. Muchas luces poco intensas merecen más la pena y deberíamos fijarnos en ellas, centrarnos y molestarnos en regocijarnos con su luz y su calor.

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