La ruptura de Vicky y José. Capítulo II: Desplante a Miranda.

abril 11, 2015

Ya eran las 11 de la mañana. Había conseguido echar de mí el sueño gracias a los cafés y a buscar trabajado donde no lo había para mantener la mente ocupada. Eso sí, no había salido del despacho para nada. Salir del despacho implicaba encontrarme con José (y enfrentarme a él) o darme de bruces con Miranda preguntándome sobre la cita de anoche.

¿Qué por qué me iba a preguntar por nuestra cita de anoche si ya llevaba cinco años con él? Parecería un poco ilógico que estuviera Miranda preguntándome al día siguiente novedades sobre todas nuestras citas (aunque realmente creo que le gustaría que le contara todo, ella era un poco cotilla y no lo podía evitar, a veces resultaba muy desquiciante. Como ahora, por ejemplo). Pero el caso es que hace dos días me había hecho un test de embarazo y había preparado una velada romántica en el restaurante donde fuimos a cenar por primera vez José y yo cuando se decidió después de varios meses tonteando a pedirme una cita. Quería darle la buena noticia. Quería que eso fuera el detonante también para que se viniera a vivir a mi casa. Siempre se había mostrado reticente a vivir juntos (ya fuera en mi casa o yo mudarme a la suya). Estaba tan alegre por la noticia del embarazo que no pude evitar contárselo a Miranda y hablarle de los planes de la velada que tenía preparada para José y para mí.

Para mí este embarazo suponía un punto decisivo en nuestra relación, evidentemente pensaba que para bien. Creía que eso le abriría los ojos, el hecho de ser padre haría que mirara todo con otra perspectiva y se decidiera a dar ese "paso". Vivir juntos, ser un buen padre, estar ahí para mí como yo había estado en todo momento ahí para él... Viéndolo todo hoy, evidentemente no fue así.

Sumida en la pantalla del ordenador sin hacer gran cosa, sólo buscando expendientes que necesitaran que los agilizase, oí como tocan en la puerta de mi despacho. Era Miranda, horror. Ya había llegado la hora del interrogatorio.

- ¿Estás bien Vicky? - me preguntó. Ella y José eran los únicos en la oficina que me llamaban por el diminutivo. - ¿Estás muy ocupada o quieres hacer un descanso y nos vamos a tomar un café?

- ¿Mejor a la hora de la comida y vamos a algún restaurante fuera de esta oficina?

- Ok, pues hasta las 2 - me miró con cara extrañada, hizo un gesto con la cabeza de no entender nada, y seguidamente salió del despacho sin decir nada más.

Conseguí retrasar el momento, pero es que realmente no quería contarle nada aquí, dentro de las 4 paredes de esta dichosa oficina, porque casi con total seguridad me iba a dar el bajón y saltaría alguna lágrima por mis mejillas (o podría derrumbarme definitivamente y que mis ojos parecieran las Cataratas del Niágara) y no quería dar ese espectáculo dentro de la oficina, con José rondando pudiendo verlo o que lo viera alguien que se lo pudiera decir a él. Pues va a ser que no. Nunca he sido partidaria de los numeritos y espectáculos, y no iba a empezar a darlos ahora.

Sabía que esa respuesta le había dado a entender que las cosas no habían salido bien. Miranda sería una cotilla, pero también era lista como un demonio. Aparte que me conocía tan bien que estaba convencida que había venido a tocarme en la puerta porque sabía que las cosas habían ido mal. Lo normal era que fuera yo a buscarle a su despacho para hacer una pausa sobre las 10. Y sé que se había preocupado al no verme aparecer y había hecho un esfuerzo sobrehumano por no venir a mi despacho a las 10.01 a ver qué me pasaba y a hacerme el interrogatorio en cuestión. Si yo algún día no iba a su despacho era porque estaba ocupada, y ella venía al mío a las 10.05 para intentar sacarme del embrollo de papeles y estrés. Así que se estuvo mordiendo la lengua y aguantando las ganas durante una hora entera. Sé que para ella eso era todo un logro. Será una cotilla, pero conmigo era una persona muy respetuosa y sé que se moderaba muchísimo. Era muy buena amiga, eso sí que era cierto. Sabía controlar muchos prontos suyos conmigo porque sabía (o intuía) que me molestaban. Igual que yo hacía lo mismo con ella, con cosas que sabía que podrían molestarle de mí.

Al minuto de que se fuera Miranda, levanté la cabeza para ver si ella seguía por ahí y estaba preocupada por mí o algo por el estilo. Pero no, ella había desaparecido por arte de magia y estaba sonriendo y hablando con Nuria, de contabilidad. Pero me sorprendió ver a José mirando para mi despacho con cara extrañada. Debió sorprenderle que echara a Miranda y que no hubiese ido a hablar con ella de lo sucedido anoche. Sabía que la cara que tenía ahora era de desconcierto absoluto. No pude hacer otra cosa que echarle una sonrisa discreta, como para decirle "lo siento, pero no me afecta para nada que me hayas dejado y hoy estoy divinamente". Sabía que no era eso lo que transmitía, pero era lo que quería dar a entender. Tal vez así me lo creería yo misma y lo superaría antes.

You Might Also Like

0 comentarios

Instagram

Subscribe