La ruptura de Vicky y José. Capítulo I.

abril 09, 2015

Sabía que no aguantaría el día de hoy... Me esperaba un día duro emocionalmente. Y por desgracia, no tenía muchas cosas que hacer hoy en el trabajo, lo que me daría aún más tiempo para darle vueltas a la cabeza y quedarme peor de como estaba. Casi no había dormido, ¿cuánto en total, unas dos horas? Dormir, despertarse, sollozar, vuelta a dormir, y repetimos el proceso... Pero primero era lo primero, levantarse (¿podría hacerlo? ¿Tendría fuerzas? Sí, me respondieron las piernas), pegarse un chute de cafeína y hacer algo con este pelo y estos ojos hinchados de llorar y con unas ojeras negras de no dormir, parecía un mapache, creo que nunca había tenido tan mal aspecto en general. No, definitivamente nunca había tenido tan mal aspecto. No podía salir a la calle con esta pinta. Así que de mala gana me tocaba prepararme un café bastante cargado.

Después del café, directa a la ducha. Aún no había vuelto a derramar una lágrima desde que me había levantado, todo un milagro estar 15 minutos sin llorar. Toca abrir el grifo del agua caliente para que se vaya calentando el agua. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano, las pocas horas de sueño y este estado de ánimo no ayudaban en absoluto. Lentamente me quité el pijama, muy lentamente. Ahora me tocaba despojarme de las bragas. No tuve fuerzas para agacharme a recogerlas, no ya decir de llevarlas al cesto de la ropa sucia, que estaba justo detrás de mí. Ya la bañera estaba llena de humo, eso significaba que ya el agua estaba caliente. Era la hora de meterme en la ducha. Primero un pie. Después el otro. Ya estaba dentro, el agua empezaba a caerme desde las alturas sobre mi pelo, sobre mi cabeza. Esa sensación relajante que inevitablemente hizo que otra vez llegaba el llanto.

Esta vez fue peor, porque sabía que en una hora más o menos entraría por la oficina. No me quedaba mucho más tiempo por alargar. Tal vez fuera buena idea pedirse el día libre, estábamos en noviembre y aún no me había pedido ni un sólo día de vacaciones desde enero y las vacaciones navideñas. Probablemente fuera una buena idea. Pero no, eso implicaba que habría ganado él. Finalmente iré a la oficina. ¿Podré aguantar hasta las 7 de la tarde sin llorar?

Ya estaba lista para salir. Me dejé el pelo suelto, sabía que él me prefería con el pelo suelto con mi rizo natural, así que sería una indirecta para darle a entender que aunque me hubiera dejado anoche de una manera tan rastrera y tan vil yo seguía adelante. Es cierto que me tuve que poner casi tres kilos de antiojeras en los ojos, pero me los había maquillado de una manera natural y no se notaba que casi no había dormido y había conseguido quitar las ojeras. Quizás puede que se notara un poco el hinchazón, pero desde luego mirándome en el espejo en conjunto estaba bastante bien.

Y justamente, entrando por la oficina para fichar, la primera persona con la que me cruzo de frente es a él hablando con otro compañero de trabajo riéndose de alguna gracia. Por inercia me salió mandarle una sonrisa para que pensara que no me había afectado nuestra ruptura y todo seguía como si no hubiera pasado nada. Cinco años de relación mandados al traste, y yo tendría que seguir viéndole a diario. ¿Algún día me dejará de doler? ¿Llegará un punto en que la ruptura estará tan superada que volveremos a una amistad o un trato cordial dentro de las cuatro paredes de la oficina? Espero que la ruptura esté superada, pero desde luego no me hace ninguna gracia volver a llegar a ser amigos nuevamente. Con otro ex tal vez no me importaría, pero desde luego con él no. Después de todo lo que me había hecho, no.

Necesitaba otro café, el sueño no había desaparecido. Además, necesitaba estar con otras personas porque después de verle sabía que si estaba sola me derrumbaría y volvería a desperdiciar lágrimas por él. Ya anoche derramé suficientes, él no se merece más sufrimiento mío, no merece que le dé esa importancia. Primera parada: despacho para dejar las cosas haciendo un gran esfuerzo por no llorar. Segunda parada: la pequeña cafetería de la oficina para tomarme un segundo café, y eso que aun no son ni las ocho de la mañana. Sólo espero que como he llegado pronto no me encuentre con Miranda, mi mejor amiga, porque sé que me preguntará por la cita de anoche con José, y desde luego lo último que necesitaba era hablar de la noche de anoche...

Efectivamente, Miranda no estaba en la cafetería. ¡Bien! Pero sabía que esta pequeña victoria no era realmente una victoria, era retrasar lo irremediable. La tendría que ver en algún momento del día y me tocaría contar que la velada de anoche no fue tal y que él me dejó (compuesta y sin novio...).

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