La habitación.

marzo 20, 2015

No sabía por qué, pero esa habitación le daba muy mala espina, no quería quedarse allí a dormir. Probablemente fuera todo imaginaciones suyas, pero no le gustaba nada ese habitáculo, y pensar que iba a pasar ahí todas esas horas de oscuridad intentando dormir le daba auténtico pavor. Sabía que le iba a costar coger el sueño, le iba a costar muchísimo. La cabeza no paraba de darle vueltas y no podía evitar mirar toda la habitación una y otra vez, tal vez instintivamente para tranquilizarse y darse cuenta de que ahí no había nada extraño o precisamente por todo lo contrario, para encontrar algo extraño y tener una excusa para salir corriendo y no quedarse allí, aunque eso implicara estar completamente aterrorizada. A ella le gustaba dormir con la puerta abierta, pero le daba tan mal rollo esa casa, en concreto esa habitación, que tuvo que cerrar la puerta, como si eso ahuyentara todos sus miedos y se quedaran fuera de la habitación.

¿Todo sería por esa muñeca que había en la repisa? Tenía unos ojos de cristal extrañísimos, y para rematar la faena, encima era de porcelana. Jamás le habían gustado las muñecas de porcelana. Pero no era solo eso, las luces del alumbrado público de la calle entraban por la ventana dibujando sombras extrañas dentro de la habitación. Encima los ventanales tenían unas cortinas blancas tan, tan finas, que casi no podían mitigar un poco esas luces y sombras, estaban simplemente para evitar que pudieran mirar desde fuera, pero eran tan finas que estaba segura que si alguien se ponía a mirar en la calle para la casa podrían verle a ella entre sombras. Encima, las paredes tenían esos papeles pintados típicos de los años 60-70, en tonalidades amarillas y anaranjadas. El ruido de la lluvia tampoco ayudaba nada, a veces más fuertes, a veces parece que amainaba y sonaba más ligera y suave, pero estaba ahí sonando de manera constante. La lluvia parecía que quería ponerle una banda sonora a las circunstancias, hacer que ella pasara aún más miedo del que tenía probablemente sin motivo. ¿La lluvia tendría personalidad y sabía que ella estaba tan asustada y por eso hacía acto de presencia? Estaba casi convencida de eso, aunque probablemente en otras circunstancias su parte racional le diría que evidentemente no, ¡cómo la lluvia iba a tener personalidad!, pero estaba tan asustada que su parte racional que siempre había regido toda su vida la había abandonado en el peor momento posible.

Ella y su novio habían alquilado esa casa rural en el casco histórico del pueblo vecino para ellos solos y pasar el fin de semana, iba a ser un fin de semana romántico ya que era su aniversario, hacían 3 años de casados. Él solía coger el sueño rapidísimo, ella nunca se había explicado cómo era posible que siempre se quedara dormido tan rápido. A los 30 segundos, al minuto como máximo, ella ya le solía oírle roncar suavemente. Es cierto que hoy parece que él incluso tardó algo más de la cuenta, oyó su primer ronquido como a los tres o cuatro minutos de haberse acostado a dormir. Eso le asustó al principio bastante, porque estaba esperando su primer ronquido que no terminaba de exhalar, aunque es verdad que cuando oyó el primer ronquido suspiró aliviada un poco más.

No sabía muy bien cuánto tiempo había pasado, probablemente solo 5 minutos, tal vez 15, aunque la verdad es que a ella le parecía que había estado despierta una eternidad. Ya estaba cogiendo el sueño cuando de repente le pareció oír unos pasos suaves en la cocina, que era el habitáculo contiguo a su habitación. Aunque estaba en ese punto entre despierta y soñando que no le dio importancia y pensó que eran sus primeros sueños. Se terminó de despertar de repente, pegando un respingo en la cama, cuando empezó a oír como alguien estaba girando la manecilla de la puerta de su cuarto.

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