Encuentro casual

febrero 12, 2015

Era un día de verano, un día muy caluroso de verano. Esos días en los que o estás tumbado en la playa tomando el sol y bañándose (si eres de esos valientes que se atreven a salir rondando los 40º) o irremediablemente te quedas en tu casa matando el tiempo tumbada en el sofá medio desnudo con el ventilador al máximo evitando a toda costa moverte y gastar energía inútilmente. Y eso propicia a que todo el mundo, a eso de las 7 de la tarde, salgamos de nuestras madrigueras buscando la vida, buscando el frescor que trae la tarde consigo quedando con amigos a tomar algo en una cafetería o simplemente a dar una vuelta. ¡Bendito verano! ¡Bendito buen tiempo!

Así fue como coincidimos la primera vez él y yo, estando yo con mi mejor amiga en nuestra terraza predilecta. Ella tomándose un refresco y yo un café helado. El chico atractivo estaba en la mesa contigua, tan misterioso él con un libro en la mano y un té helado en la mesa. Ese look tan casual, su pelo largo hasta los hombros color castaño, con aire despeinado pero a la vez bien arreglado. Esa barba de 3 días. Un tono de piel algo tostado por el sol, pero sin llegar a ser exageradamente moreno. Con una vestimenta veraniega y fresca, pero sin llegar a estar desarreglado. Y esos ojazos marrones verdosos. ¡Cómo no me iba a fijar en él! Uno de los chicos más guapos que había visto hasta ese momento.

En uno de esos momentos en los que le miraba furtivamente, a la vez que hablaba con mi amiga, nuestras miradas se cruzaron. Inevitablemente me ruboricé y tuve que apartar mi vista de sus ojos marrones verdosos. Pero desde ese mismo instante nuestras miradas no pararon de cruzarse, haciéndolo fugaz y tímidamente. Yo le comentaba a mi amiga “¿se habrá fijado en mí o en ti?”, aunque yo desde mis adentros sabía que me miraba a mí, pero la timidez y un poco de inseguridad (la típica que sale en este tipo de momentos) hace que te hagas este tipo de preguntas. Evidentemente este chico interesante y misterioso fue un tema de conversación recurrente entre mi amiga y yo durante ese rato que estuvimos en la cafetería. ¿Cómo era posible que nunca lo hubiéramos visto nunca en “nuestra” terraza? ¿Sería la primera vez que ibas allí, chico misterioso? Muchas preguntas se agolpaban en mi cabeza. ¿Pero qué me pasaba con este chico? Aunque bueno, yo me levantaría de esa cafetería, él también, y cada uno nos iríamos por nuestro lado. Efectivamente, fue así. Pero esa noche no pude quitármelo de la cabeza. Me turbó tanto este chico y el hecho de que no paramos de mirarnos que hasta soñé con él.

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