Sol invernal

enero 14, 2015

Tenía el frío metido en el cuerpo. Llevaba así ya unas cuantas horas. Estar en casa metida trabajando con el ordenador no ayudaba en absoluto, sentada, quieta, inmóvil. Así que aprovechó que salió unos rayos de sol, después de 4 días lloviendo sin parar, para ponerse una rebeca ligera negra y salió al jardín a sentarse allí. Sí, el sol calentaría el tejido negro y le daría así calorcito. Tampoco es que hiciera un frío excesivo fuera y podía salir simplemente con esa rebeca al exterior, ¡qué agradables 17 ºC! El problema es que estar quieta ayuda a que se te hielen los pies y las manos.

Así que con un café caliente y recién hecho entre las manos, calentándoselas mientras sujetaba la taza que había cogido la temperatura del café, salió decidida al jardín. Media hora de relax, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en la pared dándole así todo el sol en la cara. Era imposible que hubiera algo más relajante y placentero que aquello. Sí, podía sentir como el sol inundaba cada célula de su cuerpo, como se llenaba de energía ayudándose del propio calor del café en sus manos heladas. No le gustaba tomarlo excesivamente caliente, pero hoy lo necesitaba, ¡necesitaba calor inyectado en vena!

Tras media hora al sol y con el café terminado, finalmente su cuerpo entró en calor, y su estado de ánimo había cambiado por completo. De embajonada, triste y malhumorada había pasado a positiva y alegre. La jornada que le quedaba por delante de trabajo desde luego sería mucho mejor de la que había tenido hasta ahora, y el trabajo que dejó a medias porque estaba ofuscada sin poder sacar para adelante ahora lo sacaría en tan solo cinco minutos, sabía que podría con ello. ¡Y así fue!

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